Se fue la luz en la calle Los Rivera.
Aquí está la viejita,
que los nietos olvidaron visitar,
escondiéndome los fósforos.
Antes la estructura era la unión de árboles,
los pies de la doña se iban por los hoyos del piso pútrido.
Extravió su uña diabética:
cucharilla que uso para medir la cantidad de azúcar en el café.
Me froto los brazos,
como si aún tuviera diecisiete
y fuese la primera noche en mi apartamento de estudiante.
La gotera rompe en el balde.
Estás acompañada, me dice,
por la carencia del sonido.
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