sábado 11 de julio de 2009
jueves 9 de julio de 2009
TEPT
16
Tener,colgando del techo,
la piñata de my litter pony,
a tus dos familias en el mismo patio,
sin dispararse,
soplar las velas,
pedir un deseo que no te conviene recordar,
contar el dinero que viene dentro de las postales,
hacerte de una alcancía,
comer helado por quinta vez,
dramatizar una pataleta de las tuyas
si no obtienes la mayoría de los dulces
que van cayendo,
morder a tu primo,
esperar se ahogue con la paleta que te quitó.
Rogar quepan todos tu juguetes en la maleta,
posar,con tu falda amarilla de rizos,
en las escaleras del avión,
-el conejo de peluche que te regaló la abuela
sonriendo por ti-
saltar de una cama a otra en un hotel de Orlando,
llegar sana y salva, con la cubetita de hielo,
a los brazos de tu madre,
olvidar que en el pasillo de la hospedería
un hombre te invitó a su cuarto.
Desenredar los misterios del reloj en tu cabeza:
ayer te celebraron los seis
en el Puerto Rico que se ve pequeño desde el aire,
hoy la Cenicienta te cuenta al oído sus estrategias
-las chicas que parecen bobas no lo son del todo-
Que pasen los años de prisa,
que la nueva hermanita deje de llorar,
que el perro evadido regrese a casa,
que te crezcan los senos,
que la Pitufina cobre vida de noche,
y le entierre un cuchillo a papá entre los ojos,
que éste se vaya al fin, no importa a donde sea,
que te llegue la regla antes de cumplir los doce,
que el chico al que le envías poemas te mire otra vez,
que se tropiecen en el comedor de la escuela,
que conteste el teléfono de buena gana,
que tus barbies hagan silencio cuando intentas llorar.
Ayudar a padre a recoger sus cosas,
verlo salir de ti,
aprovechar sus cargos de consciencia,
pedirle para tus muñecas un condominio.
Conocer al señor que prendó a mamá,
hacerle un dibujo buscando agradecerle,
que el padrastro siga siendo
tan encantador cuando nos acoja bajo su ala,
que no intente elegirte los novios,
que entienda te has enamorado.
Que todas tus cosas quepan en la bolsa de basura gris,
tras la disputa familiar,
que la madre de tu amiga te deje vivir en su casa para siempre,
que papito olvide que tienes acciones en el divorcio,
que te reciba y no te deje fuera cuando le dé la gana.
Acabar a cumplir los 18,
decirle al novio de casi 40 que todo terminó,
salir ilesa de sus amenazas de suicidio,
iniciar la universidad,
tener dinero suficiente para el carro público,
no volverte muy loca, ahora que eres libre,
decirle no a tanta bebelata,
a la coca que se meten los conocidos en las fiestas,
jurar que no te importa que mamá no te hable,
que los hermanos crezcan lejos de ti.
Tener tu propio hueco,
una cama enorme,
compartirla con el hombre que amas,
fingir que ignoras te ha montado los cuernos,
hasta que consigas con quien cobrártelas,
decirle que se vaya,
pedirle la llave,
pintar el cuarto,
botar las colchas,
no ceder ante su propuesta de matrimonio,
terminar la carrera,
conseguir un empleo que no te aburra,
sanarte de la dependencia que suponen las voces de la tv,
destripar los peluches,
ser size 7.
Heredar un castillo...
Cuidado con lo que deseas.
Cenicienta no te dijo que como parte de la estrategia
debías estudiar bien donde dejabas los zapatos.
domingo 5 de julio de 2009
jueves 2 de julio de 2009
TEPT
15
Tú tampoco tienes quien te escriba,
El Coronel no estaba solo en ese asunto.
Ir al buzón tradicional,
de vez en cuando,
meter la mano,
enrollar la telaraña,
hacer una bolita,
comérsela.
En las vacaciones solías escribirte con los amigos.
Eras amante de los papeles de colores,
de los sellos infantiles,
de pintarte la boca y utilizarla de firma.
Antes también se te caía el pelo,
eras gorda,
te preocupaba menos lo que habrías de ponerte en la tarde.
De pronto no sales de la casa si no te combinan
los accesorios con la cartera,
de pronto adoptas un meneito que jode a tus compañeros de trabajo.
Dices que te quedan diez días
para que la bala se dispare.
Te reclamas por el tiempo en exceso
que le dedicaste a dormir,
a los amores virtuales,
a los cercanos, que valían nada,
a quejarte,
a comenzar libros que terminarás jamás,
a hablar de ti,
del otro,
a inventarme.
Deliras por los extremos.
Eso que no dura tanto,
eso que no tienes idea de cuando termine,
si es el fin, el comienzo,
si se hace necesario cargar con la ración de fruta y queso
para el camino,
eso que llamas vida
no alcanza para estar 40 años en el mismo escenario,
pagando el mismo alquiler,
sobre el mismo pedazo de tierra,
enamorada del mismo tipo.
Piensas en irte de aquí,
elegir un punto del globo al azar,
menos caluroso,
menos pobre,
menos bochinchero.
Apuntas hacia New York
pero pronto recuerdas
que la gente allí camina de prisa,
tiene dos trabajos,
que de subways no sabes nada.
Te pasarías la mitad del día tratando de recordar dónde vives,
peor aún, intentando pronunciarlo.
No se trata de ser malagradecida,
ni siquiera ambiciosa,
es cuestión de sentido común:
De tu árbol genealógico han ido cayendo las manzanas
después de los setenta.
Piensas en eso mientras tachas la lista
que te traes entre manos,
la fiebre porcina se metió con todos los destinos
que podrían interesarte.
No queda lugar para recibirte,
fuera del mundo que ya tienes
no hay garantía de felicidad.
A donde quiera que vayas lo harás contigo.
miércoles 1 de julio de 2009
Citas
Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa.
Alfred Adler
1870-1937. Psicólogo y psiquiatra austriaco.
domingo 28 de junio de 2009
TEPT
14
Ayer te apagó la luz por 13 horas,
te extraditó los amigos,
vació poco a poco las pilas de tu móvil,
te hinchó los pies.
-No pudiste comprar aquellos zapatos que te gustaron tanto-
Te infló la panza,
para que te vieras en la obligación de llevar
la blusa un size más grande,
te activó el antojo por el helado de coco,
sin dejar de parpadear la palabra "dieta"
en todas las vitrinas del súper.
Te atrasó la regla por un día más,
para que te lo pienses mejor
antes de acostarte con alguien
que como padre sería un fracaso,
te dio ganas de dormir durante la tarde,
animó, con panderetas,
a los niñatos del barrio
a llamarte mamá,
puso el sol en high,
mantuvo los abanicos apagados,
hizo a tu jefa dudar en darte el día libre,
te tiró de rodillas para conseguirlo,
mandó al tipo que te gusta a llamarte,
desconectó el teléfono
durante el saludo protocolar,
roció el país con polvo del Sahara
hasta hacerte gotear la nariz,
apretó el pie de alguien contra el acelerador,
te regaló un sustito de esos
para que dejes de murmurar que quieres morirte.
En la noche, te sopló las velas,
hizo pudrir todo lo que llevaba horas
en el congelador,
envió al fantasma de la vieja que murió en casa
a romperte las copas,
abrir el grifo,
traquetear con los platos,
acariciarte el pelo.
Te recordó que vives en una caja de cristal
a vuelta cuadrada,
que aunque tú no veas hacia afuera
siempre habrá alguien que podrá
mirar hacia adentro libremente.
Te devolvió la luz a las 5 de la mañana.
Te despertó a las nueve y pico
con un chorro mojándote las pantaletas,
retortijones graves,
un dolor de parto prematuro,
te tocó la cara mientras llorabas,
te alcanzó un poco de papel de baño.
Te salpicó de melancolía,
marcó, por ti, el número de Abel,
esperó el tono,
te pasó el teléfono,
sintió pena cuando aquel que quisiste
no te reconoció la voz.
Te dijo que la gente va en tránsito,
que lo que siempre pensaste que habías perdido
no venía a quedarse,
porque así son las cosas,
que algunos llegan para hacerte bien,
otros para hacerte daño,
que el bueno y el malo partirán de ti,
como tú has partido de otros,
que de eso se trata,
de tocar a los demás,
de darles experiencias de vida.
Entonces, extendió los brazos,
te acurrucó un ratito,
ya jarto de tanta queja haló el espejo hacia ti,
te puso de frente,
te nombró bonita,
te aconsejó restarle puntos al odio,
vivirte los 31,
agradecer el trabajo,
el techo,
los chavos que gastas en ropa,
el que de vez en cuando una palabra tuya
lleve a los demás a la introspección.
Te pidió celebrar los padres vivos,
los familiares ausentes,
acercarte.
Te echó la mano a la hora de recoger el closet,
llevó las bolsas hasta la basura,
te reveló donde estaba esa carta
que vino desde Chile
y que jurabas se había tragado la tierra.
A veces, Dios nos esconde las cosas que más queremos
con el propósito de que seamos agradecidos
en nuestra abundancia.
Ajenos que me gustan
Declaración de amor
Porque te cansas de estar sola,
de encontrar en tu cama
la sombra de la noche anterior.
Porque te mueres de mirar
las parejas de casados
que de alguna parte vienen.
Porque te desmayas de soledad.
Porque la casa vacía.
Porque tienes jaqueca.
Porque los sueños luctuosos.
Porque los gatos del vecino.
Porque los niños con cabezas de pajaritos.
Porque lloras al despertar.
Porque eres del sexo débil.
Porque crees ser hermosa como una puesta de sol.
Porque los ojos negros te vuelven loca de remate.
Por eso, me has pedido que sea tu marido.
Manlio Argueta (El Salvador, 1935)
*
A veces
A veces
alguien te sonríe tímidamente en un supermercado
alguien te da un pañuelo
alguien te pregunta con pasion qué día es
hoy en la sala de espera del dentista
alguien mira a tu amante o a tu hombre con envidia
alguien oye tu nombre y se pone a llorar.
A veces
encuentras en las páginas de un libro una
vieja foto de la persona que amas
y eso te da un tremendo escalofrío
vuelas sobre el Atlántico a más de mil kilómetros
por hora y piensas en sus ojos y en su pelo
estás en una celda mal iluminada y te acuerdas de un día luminoso
tocas un pie y te enervas como una quinceañera
regalas un sombrero y empiezas a dar gritos.
A veces
una muchacha canta y estás triste y la quieres
un ingeniero agrónomo te saca de quicio
una sirena te hace pensar en un bombero o en un equilibrista
una muñeca rusa te incita a levantarle las faldas a tu prima
un viejo pantalón te hace desear con furia y con dulzura a tu propio marido.
A veces
explican por la radio una historia ridícula
y recuerdas a un hombre que en vida fue tu amigo
disparan contra ti sin acertar y huyes pensando
en tu mujer y en tu hija
ordenan que hagáis esto o aquello y enseguida te enamoras
de quien no hace ni caso
hablan del tiempo y sueñas en una chica egipcia
apagan las luces de la sala y ya
buscas la mano de tu amigo.
A veces
esperando en un bar a que ella vuelva
escribes un poema en una servilleta
de papel muy fino
subes una escalera y piensas que sería bonito
que el chico que te gusta te violara
antes del cuarto piso
repican las campanas y amas al campanero
o al cura o a Dios si es que existiera
miras a quien te mira y quisieras tener todo
el poder preciso para ordenar que en
ese mismo instante se detuvieran
todos los relojes del mundo.
A veces
sólo a veces gran amor.
José Agustín Goytisolo (1928)






